Si miráis el mapa de Cataluña y buscáis el punto exacto donde el GPS empieza a sudar frío y el impaciente de turno empieza a preguntar: "¿Pero falta mucho?", ahí es donde estamos nosotros. El Poble Rural Puig Arnau Pubilló está ubicado en la comarca del Solsonès, históricamente conocida como "la comarca de las mil masías" y, a partir de hoy, bautizada oficialmente como "el sitio donde se casaron esos dos locos y nos hicieron subir una montaña".
Estamos lo suficientemente lejos de Barcelona para que el único claxon que escuchéis sea el de un tractor con prisa, pero lo suficientemente cerca para que no tengáis que pasar el control de pasaportes (si en 300 años no ha llegado, en 9 meses lo creemos improbable). Es el lugar ideal para que nadie pueda decir "me paso un momento y me vuelvo"; aquí, si vienes, vienes con todas las consecuencias (y con muchas ganas de juerga).
Olvidad los hoteles de lujo con botones en la puerta y el típico olor a ambientador de vainilla. Hemos alquilado un pueblo entero para nosotros. El Poble Rural Puig Arnau Pubilló es como si hubiéramos cogido un escenario de Juego de Tronos, le hubiéramos puesto calefacción, camas cómodas y lo hubiéramos llenado de alcohol para vuestro disfrute.
Es un conjunto de masías de piedra donde las paredes son tan gordas que podríais ensayar un solo de trompeta a las tres de la mañana y el vecino de la casa de al lado solo oiría un susurro de paz.
Manual de supervivencia en nuestro pueblo:
El "Empedrado Style": El suelo tiene personalidad propia. Si alguna ha pensado en traer tacones de aguja de 12 centímetros, que sepa que va a parecer un cervatillo recién nacido aprendiendo a caminar sobre hielo. Chicas, por vuestra integridad física: tacón ancho o plataforma. No queremos bajas en el equipo antes del postre.
Aislamiento selectivo: Aquí el "5G" es ver a cinco gamos desde la ventana. La cobertura es como la dignidad en una boda: empieza muy alta y va desapareciendo según avanza la noche. Aprovechad para despegar la cara del móvil y miradnos a nosotros, ¡que para un día que vamos así de guapos habrá que aprovecharlo!
Vecinos rumiantes: Si os despertáis y veis a una vaca mirándoos fijamente a través de la ventana, no es que hayáis bebido de más (bueno, quizás sí), es que ella vive allí y vosotros sois los intrusos. Son animales muy discretos, no suelen pedir fotos ni colarse en el buffet.
Paredes con historia: Las casas tienen siglos. Si las piedras hablaran, contarían historias épicas... pero como no hablan, os tocará a vosotros crear anécdotas nuevas (a poder ser, que no impliquen acabar en el canal de noticias local).
En resumen: es un refugio de montaña sin filtros de Instagram, donde el aire es puro, el entorno es brutal y el único peligro real es que os guste tanto que os neguéis a devolver las llaves el domingo.